(UN RAMITO DE ALELÍ…..)


País: España/ Año: 2025/ Duración: 100 min.
Dirección y guion: David Moragas
Reparto: Quim Avila, Lluis Marqués, Bruna Cusí, David Teixidó,…
Música: Clara Peya
Fotografía: Juli Carné Martorell
Coproducción España-México/ Distribuidora: Filmax
Género: Romance. Homosexualidad
Sinopsis:
Marc y Eudald, son una pareja que tienen una vida estable y ordenada, hasta que aparece un nuevo vecino en la ventana de enfrente por el cual ambos se sienten atraídos físicamente, aunque lo ocultan. Marc se enfrenta a sus propios sentimientos de inconformismo y, a las continuas tentativas de Eudald para fortalecer su relación, pero ya nada será igual que antes.
Crítica:
Nada que decir sobre mostrar los altibajos emocionales y libidinosos de una pareja gay, si no consistiera únicamente en eso. Lo que molesta es que se queda en una persistente y reiterativa relación vacía y cursi de tratar el tema. Pues una cosa es la emocionalidad, tratar de describir los sentimientos que remueven el interior de un ser humano, y otra el aroma del deseo, a veces irracional. Pero no importa, si es eso lo que se pretende contar. En este caso, ambos aspectos se perciben nulos. Salí con la sensación de que toda la película era un rosario de escenas bastante aburridas, con un planteamiento general superficial, pueril y evanescente, con diálogos casi infantiles, de personas inmaduras, y relaciones eróticas -que es el punto fuerte de la historia- propia de primates. Teniendo en cuenta, claro, que el juego de la película es la carne.
Es posible que los intérpretes se esforzaran por forjar unos personajes con cierto carácter, pero es evidente que no percibieron que estaban imitando a unos prototipos de cartón piedra, vacíos y sin mensaje que ofrecer al público. Como resultado me parece una película idónea para participar en festivales y muestras de género queer, pero, que fácilmente puede provocar un cierto tedio a públicos ajenos. En el apartado interpretativo se salva Bruna Cusí, que es casi la única mujer que aparece en la película.
Aparte de su discurso narrativo, hay que reconocer su buena fotografía, la elección de escenarios, y la puesta en escena, aunque sea nula la dramaturgia, que es la solvencia para que una historia sea capaz de enganchar al espectador. Aun sí puede que seduzca a algunos espectadores. Está demostrado que la banalidad también tiene “fans”.
P. M.




