EL DEBER Y LA SANGRE

Les enfants vont bien

Año: 2025/ Duración: 111 min./País: Francia

Dirección: Nathan Ambrosioni

Guion: Nathan Ambrosioni

Intérpretes: Camille Cottin, Julette Armanet, Monia Chokin, Marien Akeddiou,..

Sinopsis:

Una tarde de verano, Suzanne, acompañada de sus dos hijos pequeños, visita de improviso a su hermana Jeanne que no había visto desde hacía dos años. Suzanne parece completamente ausente. A la mañana siguiente encuentran una nota de despedida dejándole los niños a su cargo sin justificación alguna. En la comisaría, comunican a Jeanne que no se puede iniciar ninguna búsqueda, pues según la carta, Suzanne ha tomado la decisión voluntaria de desaparecer.

Crítica:

  Los niños están bien es una película contada con equilibrio, reposada, sin golpes de efectos maniqueos, pero que nos involucra desde el primer momento y que mezcla la angustia personal con la ternura que requieren los personajes. Sin grandes sobresaltos ni giros espectaculares de guion, nos hace avanzar con humana inquietud, anteponiendo la entrega hacia los demás al individualismo e irresponsabilidad mostrado por Suzanne.

      Es admirable la gran sensibilidad y maestría narrativa que muestra el joven director galo, de tan solo 26 años, Nathan Ambrosioni, desgranando este delicadísimo drama de adaptación infantil a una nueva y traumática situación, tan inesperada como incomprensible para todos los implicados. Los personajes centrales de esta historia se enfrentan a una nueva readaptación de sus vidas que, paso a paso, intentarán superar con gran templanza y madurez -para salir lo menos afectados posible del trance en el que se encuentran- enfrentándose a situaciones a las que no estarán preparados para resolverlas.

      En los diez primeros minutos el director ya nos ha dejado planteado un plot dramático llena de carga emotiva, con despliegue de situaciones tensas provocadas por los niños -con pueriles intentos de rebeldía- que los adultos tendrán que sortear sin estar preparados para solventar esas reacciones imprevistas de los menores, en un juego de resistencia a adaptarse a una nueva realidad que no han pedido, desconcertando a Jeanne, pero a la vez, sintiéndose cargada de responsabilidades, dejándose llevar por la intuición personal como táctica para lograr esa adaptación sin perjuicio para nadie.

       Ambrosione utiliza un discurso en el que se refleja una sociedad serena, pero que se siente impotente ante los imprevistos que se ven obligados a asumir. Para ello se sirve de unos personajes frágiles, arrancados de raíz del amor, de la protección maternal, de la seguridad de un espacio que sentían estable, y en el cual, como en un sueño, se despiertan en un mundo nuevo con personas que no conocen y viéndose obligados aceptar unos hábitos y relaciones sociales desconocidos.

En la película hay unas cuantas ausencias, pero el director está más interesado en los desajustes que causan esas ausencias en las personas que quedan y su readaptación social y humana, que en los motivos de los desaparecidos. Aun así, invita a reflexionar sobre el desgaste emocional profundo que puede llevar a una persona a un punto extremo, por incapacidad de tener el control mental, y que los demás lo comprendan.

    En cuanto al estilo narrativo, el director prioriza el realismo intimista al efectismo visual, y opta por la cercanía de los personajes a través de planos cortos, en donde se reflejan los impactos emocionales, e incluso algunos imponentes silencios, los cuales trasmiten más significados que las palabras. A veces, esos silencios dan paso a unas inteligentes elipsis cargadas de misterio emocional, para trasladarnos al inicio de otras situaciones.

    También la perspectiva de los niños, Gaspar y Margaux, y su estado anímico se integran sutilmente en la narración, en momentos de una manera dolorosa y otras llenas de candor, pero sin llegar nunca a manifestarse como un drama lacrimógeno.

Imponente presencia de Camille Cottin, que Ambrosioni ya había utilizado en su anterior película “Toni en famille”, majestuosa y templada aguantando cámara y trasmitiendo una naturalidad que ayuda mucho a creernos, y a disfrutar esta historia.

Muy merecidos los premios del público recibidos en Malaga y los 2 otorgados del Festival de Karlovi Vary.

Pepe Méndez