Versió en català

Aquest article també està disponible en català.

+

Entrevistamos a Alfred Tapscott, compositor con una trayectoria que supera la treintena de proyectos en cine, series, documentales y cortometrajes. Ha pasado por los micrófonos de Ràdio Badalona para hablar de Evolution, la nueva película de animación 3D que se estrena el próximo 6 de febrero, distribuida por Beta Fiction y producida por The Thinklab, que cuenta con un presupuesto de seis millones de euros. Podéis recuperar la entrevista en audio en el siguiente enlace: https://youtu.be/DvL8O0m-0oA?t=147. A continuación, os ofrecemos la versión por escrito.

Pero, ¿qué es Evolution? Se trata de una propuesta de animación familiar que demuestra hasta qué punto el cine 3D hecho aquí ya puede jugar en otra liga. Sin querer reinventar el género, la película apuesta por la aventura, el ritmo y una idea bastante sugerente sobre la confusión entre humanos y animales a partir de un descubrimiento científico para sostener un relato ágil, pensado para público infantil y familiar. Es una obra honesta y ambiciosa dentro de su medida, que confirma el buen momento técnico y creativo de la animación de aquí y abre la puerta a hablar de proceso, referentes y límites del cine familiar contemporáneo. Podéis leer la crítica completa a partir del 5 de febrero en El Cinèfil.

Aquí os ofrecemos la entrevista que pudimos hacer Núria y Guillem, transcrita íntegramente.

—Para la gente que no lo sepa, ¿qué hace exactamente un compositor y en qué consiste este trabajo?
—Bien, habitualmente hacemos la música que no son canciones. Es decir, cuando oyes una canción conocida no la hemos hecho nosotros, pero hacemos todo el resto de música que acompaña a la historia. En el caso de Evolution es un poco diferente, porque hay canciones y estas canciones también las he hecho yo. Al final, todo lo que suena en la película, canciones o música, lo he hecho yo.

Alfred Tapscott

—Alfred, ¿habías trabajado ya anteriormente en películas de animación? Lo digo porque no sé si supone, digamos, un reto afrontar un encargo de esta magnitud.
—Sí, bueno, de hecho he hecho un poco de música en los Minions. Si hoy tenéis niños, seguramente la mayoría de la gente ha visto Minions o Angry Birds. Estuve unos años trabajando en Los Ángeles y allí participé en algunas producciones bastante grandes. Aquí, de hecho, he hecho música en algunas de las de Tadeo Jones, en Momias donde también hice un par de cosas. Lo que pasa es que esta es la primera película de animación española que llevo entera, digamos, de la cual me he hecho cargo de toda la música.

«Esta es la primera película de animación española que llevo entera, digamos, de la cual me he hecho cargo de toda la música»

—En animación se tiene que construir todo un universo sonoro desde cero, ¿no? ¿Cómo es este proceso? ¿Hasta dónde entras tú para construir este universo?
—Esto es algo que me preguntan muy a menudo. Yo solo hago música. Todos los sonidos, todos los foleys… y desde aquí quiero felicitar a Jasmina, a Laia y a todo el equipo de sonido, con quien ya he trabajado en otros proyectos y que incluso han estado nominadas al Óscar con Sirat. Su trabajo es muy creativo, porque no se graba nada de sonido en directo. Desde el punto de vista del músico, nuestro trabajo no es tan diferente en una película de animación que en una de live action, porque al final también creamos música desde cero. Sí que es cierto que la animación tiene un código musical que todavía nos permite hacer música grande, con melodías, con orquesta, recordando un poco las películas que veíamos de pequeños: E.T., Jurassic Park… Hoy en día es difícil encontrar este espacio en el cine no animado, pero en animación todavía nos dejan hacer música grande, y eso lo disfruto mucho.

MAKING OF

 

—En Evolution has decidido trabajar con orquesta. ¿Por qué?
—Sí, porque ya teníamos claro que queríamos ir a máximos. El problema de la animación es que todo vale dinero. Es muy fácil comparar: una película aquí puede costar 10 millones y una americana 150. Esto hace que un animador aquí pueda dedicar dos días a una escena, mientras que en Estados Unidos le puede dedicar dos semanas. Este agravio es inevitable. Pero la música es una herramienta que nos permite igualar un poco. Podemos hacer una música tan potente aquí como la de los Minions, grabar una orquesta y hacerlo tan grande como sea posible. Y eso es lo que hemos intentado: que el público la disfrute en el cine como cualquier otra gran producción.

«Podemos hacer una música tan potente aquí como la de los Minions»

—¿Qué relación has tenido con los directores, Julio Soto Gúrpide y Zayra Muñoz Domínguez?
—Ya había trabajado con ellos en películas anteriores como Deep e Inspector Sun. En aquellos casos la música la hizo Fernando Velázquez, con quien trabajo mucho. En este proyecto él no se podía hacer cargo y, como ya nos conocíamos, finalmente la hice yo.

—Con una trayectoria tan amplia, ¿qué te ha enseñado Evolution como compositor? ¿Te has permitido alguna licencia?
—Para mí era un reto. Quería conseguir un sonido muy grande, quizás más grande de lo que le tocaría al presupuesto de esta película.

—¿Cuando dices grande, quieres decir épico?
—Sí, a veces muy épico, otras muy emocional. Además, teníamos el reto de que parte de la producción se hacía en el País Vasco. Grabamos con la Orquesta Sinfónica de Bilbao, pero después acabó siendo una especie de Frankenstein. Hice parte de la música allí y parte aquí, en mi estudio de Centelles, donde cabe una orquesta pequeña. En total grabamos unos 30 músicos aquí y unos 40 en Bilbao. Si le sumamos cantantes y todo junto, estamos hablando de unas 80 personas trabajando en esta banda sonora.

«80 personas trabajando en esta banda sonora»

—Viendo la película, se nota esta sensación de grandiosidad. Si no vieses el logotipo inicial «es cine español», podría pasar perfectamente por una producción de Disney o de un gran estudio norteamericano. Además, ¿es una película que puede llegar a muchos públicos y a muchos países del mundo, cosa que no siempre es habitual en el cine español?
—Cada vez lo es más. Tenemos profesionales tan buenos como en cualquier otro lugar del mundo. Al principio daba miedo con la llegada de las plataformas, parecía que todo se produciría en Estados Unidos, pero ha pasado un poco lo contrario. Han visto que en todo el mundo hay mucho talento y que a menudo es más barato producir aquí. Esto hace que salgan proyectos muy grandes que después ves en el top 1 o top 5 mundial de Netflix. Nosotros trabajamos de una manera muy global y sabemos que lo que hacemos se puede ver perfectamente en Malasia o en China.

Alfred Tapscott Evolution

—¿Cómo ves el trabajo de compositor dentro del mundo audiovisual? ¿Crees que es suficientemente conocido y reconocido?
—Yo no salgo mucho de mi madriguera. Me gusta trabajar en mi estudio, estar en casa haciendo música. No busco reconocimiento. Cualquier persona que quiera dedicarse al audiovisual tiene que entender que es un trabajo de equipo. Yo no hago la música para que me reconozcan a mí, sino para que la película funcione. Cuando todo el mundo pone su granito de arena tan bien como puede, es cuando las cosas salen.

—Para acabar, ¿cuál es tu película o documental imprescindible?
Sirat. Me gusta mucho que haya estado nominada porque tiene cosas que no estamos acostumbrados a ver en el cine y pienso que vale mucho la pena.

Pues hasta aquí la entrevista que hicimos Núria y Guillem al compositor Alfred Tapscott del film Evolution, que se estrena el próximo 6 de febrero en los cines de la mano de Beta Fiction, dentro de la sección de cine mensual del programa Badalona Matí, que se emite en Badalona Comunicació.

En la próxima sección, el 20 de febrero a las 11:20 de la mañana, haremos una entrevista a Guille Cascante con motivo del estreno de Balandrau, vent salvatge. Cascante es productor del film y fue el director del documental Balandrau, infern glaçat.