Sawt al-Hind Rajah

Año: 2025/ Duración: 89 min./ País: Túnez

Dirección: Kaouther Ben Hania

Guion: Kaouther Ben Hania

Reparto: Motaz Malhees, Soja Kilani, Amer Hiehel, Clara Khoury,…

Música: Amin Bouhafa

Fotografía: Juan Sarmiento G.

Coproducción Túnez-Francia;

Tanit FilmsMime FilmsJW FilmsRaeFilm Studios

Género: Basado en hechos realesConflicto árabe-israelí

Crítica:

 La voz de Hind es una película con un mensaje tan demoledor y contundente que es inevitable que no convulsione a quien la está viendo. Mas aún, sabiendo que no es una ficción, si no la reconstrucción dramatizada más cercana y auténtica a la realidad sufrida por la niña de 6 años, Hind Rajah, que se protegía en el vehículo entre los cuerpos de los seis familiares que acababan de ser asesinados, tiroteados por los soldados israelís que seguían disparando al coche con la intención de matarla también a ella. Hind con su vocecita temblorosa y llena de pánico pedía auxilio a los Voluntarios del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja para que le rescataran, sin entender porque le disparaban, ni por qué no venían a salvarla.

Mientras el coche seguía recibiendo impactos de balas israelís, Hind iba describiendo su situación salpicada de sangre de los cadáveres y conectada al teléfono hablando con los voluntarios Rana y Omar, que paralelamente intentaban conseguir con desesperación la autorización de las fuerzas armadas de Israel para ir a rescatarla, sin que mataran también a los rescatadores. Hind pudo hablar con su madre que le intentaba calmar. Todo eso sucedió el 29 de enero del 2024 y esa secuencia angustiosa de horas quedo grabada y, una parte de ella fue difundida en las noticias de la mayoría de los informativos de televisión del mundo cuando ya se sabía el fatal desenlace. ¡Escalofrío general! ¡Impactante!

La directora Kaouther Ben Hania, emocionada por el hecho, se ha servido de la voz auténtica de la niña hablando con Rana y con su madre para realizar la película y, para que el espectador adquiera conciencia de la dimensión del drama humano desgarrador que se vivió y, el impacto psicológico que tuvo en los que lo soportaron.

Tanto para la directora como para los intérpretes Soja Kilani (Rana),  Motaz Malhees (Omar), como para los demás participantes de la realización de la película recrear esos momentos fue un impacto tan fuerte que les sacudió psicológicamente, dejándoles secuelas emocionales imborrables. Ahora han podido constatar a través de las proyecciones en los festivales que ha participado la película cómo el espectador lo vive con una intensidad vital única, con la carga de energía suficiente para sumarse sin dudar a las protestas de denuncia de esa continua masacre de inocentes perpetrada en Gaza, sabiendo que la tragedia de Hind es solo una entre miles.

La voz de Hind es algo más que una película; narra un hecho actual tan bestia y salvaje que debería convertirse en un símbolo de la deshumanización en la que convierte la guerra a los hombres.

En lo formal, Ben Hania, consciente del impacto documental que despierta el lamento de esa voz, ha optado por un lenguaje discursivo estilizado al máximo: unos despachos con unos teléfonos abiertos en tres direcciones y las voces que se intercambian; apremiantes con el alto mando del ejército israelí y con los servicios de socorro, y serenos con Hind Rajah, tratando de ocultar esos portavoces humanitarios su verdadera angustia interior para transmitir esperanza y calma a la crítica situación de la niña. Mientras tanto, se manifiestan intercaladas, las tensas disputas y contradicciones que surgen entre ellos, las diferentes opciones para resolver la dramática situación. La vida y la muerte unidas por un teléfono, como si fuese el cielo y el infierno conectado en un mismo tiempo y lugar. Reacciones y giros que tensan la acción al límite y cuyo valor ha sido reconocido por el público que la ha visto en los festivales de Venecia y San Sebastián, otorgándole 23 minutos ininterrumpidos de aplausos en uno y, el premio del público con la máxima puntuación en la historia del Festival en el otro. Cabe destacar también, la atmósfera dramática conseguida con la fotografía del colombiano Juan Sarmiento G.

Un film que cubre una de las funciones del arte: despertar al espectador del letargo de la pasividad ante la barbarie.

Pepe Méndez