Admirable que un cineasta como Javier Espada nos hable de la precisión milimétrica de planos, fotos, composición en los encuadres de los demás cuando en él es congénito y en este documental, no puede evitarlo, surge su vena cinéfila y a la vez perfeccionista. Su lenguaje cinematográfico no admite veleidades. Buñuel y Espada tienen también en común que su obra es metódica.

Como cinéfilo, me hubiera gustado ver en pantalla el testimonio del autor, pero no le hace falta, él ya se expresa en profundidad a través del lenguaje de las imágenes, el montaje, y con extractos de guion. Una de las virtudes de Javier Espada es que lo indescriptible lo hace realidad.

El visionado de esta Obra de Arte nos conduce a descubrir el realismo de un surrealista enfrentado a su sueño real. Su autor nos muestra imágenes inéditas imposibles de olvidar, como para mi fue el encuentro personal con el genio aragonés. Tuve el honor de poder expresarle personalmente mi admiración por su obra, al igual que ahora admiro el trabajo de Javier Espada, que de manera incansable ha forjado una Memoria de Los olvidados con esa genialidad que le caracteriza.

El autor sorprende con la inclusión de imágenes de Los olvidados cuyos aspectos sociológicos, sadomasoquistas, con el montaje de las escenas de pedofilia (homo y hetero), se quedan en la retina del espectador más buñueliano, recordando la crudeza con que Buñuel mostraba sus obsesiones por conductas adultas abusivas. A este homenaje a uno de los films que marcan la Historia del Cine a nivel internacional, le añado las palabras finales del propio Buñuel, pronunciadas por Arturo Ripstein «Será porque soy ateo gracias a Dios» y me puedo referir a este film «Confieso que es un extraño homenaje pero me gusta». Xavier-Daniel. Miembro de la FIPRESCI y ACCEC. Académico por la ACC