TRATAMOS DEMASIADO BIEN A LAS MUJERES

 Directora: Clara Bilbao

Productoras: Ficción ProduccionesNoodles Production

Productores: Mamen QuintasJulio CasalMateo GilJérôme Vidal

Fotografía: Imanol Nabea

Música compuesta por: Nacho Mastretta

Guion: Miguel Barros; (Basado en la novela francesa: On est toujours trop bon avec les femmes de Raymond Queneau)

Reparto: Carmen Machi como Remedios Buendía; Antonio de la Torre como Doce;

Luis Tosar como Antonio Buendía; Isak Ferriz como Bocas; Óscar Ladoire como Soria; Julián Villagrán como Julián

Sinopsis: Un día de otoño de 1945, un grupo de maquis a la fuga tiene la mala idea de tomar la estafeta donde Remedios Buendía (Carmen Machi), ilusionada, se prueba su vestido de novia. Como resultado, Remedios demostrará hasta donde puede llegar defendiendo sus valores.

Crítica:

Para situarnos debemos decir que Tratamos demasiado bien a las mujeres, ópera prima dirigida por Clara Bilbao, está basada en la novela francesa escrita en 1947,On est toujours trop bon avec les femmes”de Raymond Queneau  y de la que Miguel Barros,  colaborador habitual de la directora en otros trabajos suyos ha escrito el guion.

Es una película que si te guías por el título y vas limpio de información desmonta todos los presupuestos mentales que te hubieras hecho al entrar a verla. Después, una vez finalizada, te lleva a una obligada reflexión temporal para procesarla en tu mente. Es una comedia negra difícil de situar en cualquier género cinematográfico, situada en un momento y lugar que intuyes que solo puede llevar a consecuencias trágicas, pero cargada de histrionismo algo patético que abarca toda la historia que se cuenta y que los personajes, encarnados todos ellos por un plantel de actores admirables, derrochan con ingenua convicción.

Clara Bilbao impregna la historia de una mezcolanza narrativa híbrida de géneros, cargando las tintas entre la heroicidad y el humor negro, así que identificamos la narración cinematográfica con la poética de la desesperación, en cuya salsa, los personajes se mueven, inexorablemente, con frenético ritmo, sin que puedan intuir el chaparrón de contratiempos que tendrán que afrontar en el siguiente minuto, ya que se desenvuelven en unos márgenes de pocas y difíciles salidas a la supervivencia, por eso, la desesperanza revolotea en cada uno de ellos cada vez que se crea una nueva situación.

Todo el abanico de complejidades de la acción es asumido de una manera jocosa, y cada personaje refleja un mundo interior muy personal, según sus principios de moralidad y ética que haya recibido cada uno de ellos y ellas que pululan en ese entorno cerrado, pero que reflejan  un mundo exterior en donde el honor, la honestidad, el horror y la crueldad se mezclan en un momento de lucha por la supervivencia, pero en la que impera un personaje femenino que conjuga toda la intrínseca malevolencia del ser humano.

Pienso que el recorrido comercial de esta película (por la aceptación de una parte del público, incluyendo a la crítica) sería infinitamente diferente si hubiese sido dirigida por un hombre, y me arriesgo a aventurar que en la actualidad, dada la fina susceptibilidad que hay cuando se trata de caracterizar a los personajes femeninos, pocos directores se hubiesen atrevido a responsabilizarse de dar vida en la pantalla, aunque fuese de una manera esperpéntica, a un personaje femenino tan poderoso en esta historia pero que muestra, como mujer, tal cumulo de horrores y malignidad.   

Hay que felicitar a la directora vasca porque en su ópera prima ha logrado una película con sello personal, reunir un plantel de actores de primerísimo orden y conseguir de ellos unas caracterizaciones tan acertadas y felices como difíciles para trasmitir la mordaz dualidad que se desenvuelve entre la inocencia y la heroicidad inconsciente. De entre todas la entrañables actuaciones hay que destacar la insólita interpretación de Carmen Machi, en un papel menos agradable de lo que estamos acostumbrados a verla, pero que será difícil de olvidar.

También destacar la factura técnica del film desde una ambientación de época magnífica a la que ayuda una fotografía excelente de Imanol Nabea, y un montaje que no da tregua a la relajación.

Aun así, quedará como una extraña película que quizá con el tiempo se convierta en un producto de culto.

Pepe Méndez