42 segundos

Año: 2022

Duración: 106 min.

País: España

Dirección: Àlex MurrullDani de la Orden

Guion: Carlos Franco

Música: Oscar Araujo:

Fotografía: Pau Castejón

Reparto

Álvaro CervantesJaime LorenteAlex MarunyRoger CasamajorPep AmbròsCristian ValenciaSantos AdriánMarc BonninEduardo CastresanaAlfons NietoJulia LaraElisabet Terri

Sinopsis:

A pocos meses de las olimpiadas de Barcelona 92, la selección española de waterpolo tiene todos los números para pasar sin pena ni gloria por los juegos. No están preparados y necesitan un golpe de efecto si no quieren hacer el ridículo jugando en su propia casa. Pero llega un nuevo entrenador con fama de duro y técnicas de trabajo más que cuestionables. En medio de todo eso la selección cuenta con dos líderes enfrentados por su manera de entender este deporte: Manel Estiarte y Pedro García Aguado.


Crítica

A pesar de que cualquier deporte llevado a la pantalla puede dar resultados visuales espectaculares llenos de magia y emotividad, no tenemos demasiadas oportunidades de ver películas realizadas para el gran público en las que se traten temas deportivos, sean individuales o colectivos, quizá, porque se sabe que la atracción máxima del espectador por el deporte está en el seguimiento en vivo, en donde se miden las habilidades y fuerzas de los contendientes, siempre viviendo el suspense de lo que va a pasar en el siguiente momento.

 En “42 segundos” el tándem de directores, Dani de la Orden y Álex Murrull, han sabido dar vida en la pantalla, de una manera emocionante, la difícil trayectoria de aquel equipo español de waterpolo -desconocido para casi todo el mundo hasta ese momento- que tuvieron que recorrer hasta llegar a la histórica final olímpica, con sus correspondientes agónicas e interminables prórrogas frente a Italia. Épica de la buena para todos los miembros integrantes de aquel equipo, así como, para los espectadores que tuvieron la suerte de presenciarla y sentir emocionados segundo a segundo, la incertidumbre del resultado final.

Pero “42 segundos” es una película que, aun sabiendo ese resultado, está filmada con tal intensidad en su último tercio que hace que te sumerjas emocionalmente en esos momentos, manteniéndote en vilo hasta el último instante. Todo el desarrollo anterior del film es una preparación para esa parte última, y queda justificada la dura travesía del esfuerzo individual a que se han visto sometidos cada jugador del equipo, por la exigencia del nuevo entrenador extranjero, que desde el principio, no parece tener piedad con los que muestran debilidades, cuya actitud, rayando lo dictatorial, desencadenará algún inicio de conflicto entre el equipo que -valga el símil- como experimentado capitán de barco logra que la tripulación no se amotine y sigan navegando hasta llegar a puerto. Se supone que al fin cada uno de ellos entenderá la necesidad de la ley máximo esfuerzo y la solidaridad volcada en el equipo, como si todos ellos fuesen un solo cuerpo, para que ese entendimiento colectivo culmine en tocar la gloria olímpica. O casi tocarla. Al menos haber aprendido a no escatimar ningún esfuerzo para conseguirla.

Es una película que puede verse como un aprendizaje de vida y crecimiento personal y el valor de compartirla en sociedad.

Las diferentes fases y evolución de los personajes perfilados por el guionista Carlos Franco, están extraídos de la realidad contada por algunos de los miembros que componían el equipo deportivo y que vivieron todo aquel proceso de adaptación, que según cuenta  el que fuera capitán y alma de aquella aventura, Manuel Estiarte, “no fue nada fácil y tuvo sus esquirlas” y, así queda reflejado en la película, añadiendo, aparte de los problemas personales de cada uno, el recelo profesional entre los componentes del equipo catalán y los de Madrid, impuestos por el entrenador.

Aunque no entra demasiado en los problemas íntimos y personales de cada personaje, que hubiese podido enriquecer la parte sentimental y dar mas consistencia humana a la historia e identificar claramente los conflictos, sí debemos decir que los detalles que se manifiestan más dramáticos, tanto en el personaje que representa a Estiarte, como la del madrileño Pedro García, logran crear suficiente tensión emocional como para perdonar algunas de sus debilidades y congratularse por superar travesías de lagunas psicológicas oscuras que, sin la estimable ayuda de sus compañeros hubiese sido imposible.  

En fin “42 segundos” no es una comedia, no es un drama ni un documental, y sin embargo, es todo ello a la vez. Un film que nos ayuda a recordar la historia casi épica de una rama del deporte, el waterpolo, que, casi de la nada, con mucho empeño y solidaridad consolidó una selección que ha ido creciendo a través de los años y cosechado medallas. Personajes en principio anónimos, casi amateur, que se crecen para subir al peldaño superior de la gloria olímpica, para convertirse en figuras admiradas por niños y por mayores, siempre llevaran una historia positiva.  

Una Película nada pretenciosa, bien contada, con su dosis de épica y valores, que entretiene y, en lo posible, quiere ser fiel a la realidad. Para una gran parte de público puede ser suficiente

P.M.