País: España

Dirección: Patricia Ortega

Guion: Patricia OrtegaJosé F. Ortuño

Reparto: Kiti Mánver; Pepe Quero; Inés Benito; Silvia Acosta; Loles Gutiérrez.

Sinopsis

Cruz es una abuela sumisa ama de casa, de creencias religiosas pero que lleva muchos años desando cambiar y salir de la cueva de inanición. Quiere volver a desear y ser deseada pero no sabe que hacer para que las cosas cambien, hasta que descubre un grupo de amigas atrevidas que le hacen despertar….

Crítica

Esta película, vista desde la perspectiva sociológica actual de la gran ciudad  -en donde se supone que la sociedad está plenamente integrada en la modernidad y ha superado muchos tópicos y convencionalismos sobre la sexualidad- te obliga a hacer un esfuerzo para llegar a entender a Mamacruz, un personaje que parece sacado de la arqueología de los setenta, pero que sirve como homenaje a aquellas mujeres que, atrapadas en el tiempo de la sumisión al marido y a los acartonados principios morales insuflados por la religión llenos de temeridad divina, se atrevieron a desafiar sus propios principios cuando descubren, en parte, gracias a las corrientes de opinión a través de internet, que el sexo en la vida es algo más que lo que ellas habían experimentado con su cuerpo. Así que, olvidémonos del movimiento femenino MeToo y la transformación y el empoderamiento de la mujer en la sociedad y hagamos el ejercicio mental de trasladarnos a todos esos rincones de pequeños pueblos y algunas ciudades de provincias de nuestro territorio, no demasiado desarrollado, donde aún no se han enterado que vivimos ya en el primer tercio del siglo XXI.

Así que la película nos muestra algunos personajes arcaicos, como sacados de otra época, que representan bien de donde venimos,  y que tienen a favor unas buenísimas caracterizaciones, pero sobre todo, una excelentísima interpretación de Kiti Mánver, interpretando a un personaje abnegado pero que no se quiere resignar a la mera aceptación de sacrificio de ama de casa jubilada, y comparsa de un marido que, a los 50 años, ha perdido el estímulo de los placeres de la vida marital, convirtiéndose, a los ojos de Mamacruz, casi en un vegetal amorfo que no parece sentir ni padecer, ni apreciar que a su lado tiene una mujer que necesita ser deseada, aprender y evolucionar en sus estímulos.

En este sentido, Patricia Ortega acierta en su puesta en escena de actualidad, pues otra vez es la mujer como centro, la que hace que se mueva la vida, la que empuja y hace evolucionar las cosas y seres que están a su alrededor, integrándose a la psicología de la sociedad en la que vive y, aprovechar así -aunque sea de una manera tímida- lo que esta le ofrece.

Kiti Manver consigue dar a su personaje matices de dualidad entre la comedia y el drama, eso la salva, pues con ello nos olvidamos si estamos enfrascados en un género o en otro, ya que a la obra le falta la suficiente entidad de cualquiera de ambos, aunque tenga fases relevantes de cualquiera de ellos, pero la actriz, como intérprete de un personaje que podría ser amorfo, sabe hacer suyos los momentos más dubitativos de Mamacruz y, mirar benévolamente la timidez de su transición, en su último recorrido vital de convertirse en esclava libre.

P. M.