La noticia del fallecimiento
del joven director de cine
Manolo González (Laguna de
Negrillos, 1977), repentino e inesperado
a causa de un cáncer de páncreas,
llena de tristeza a quienes le conocimos
y a todos los que creemos, de alguna
manera, en el arte del cine. Y de la vida.
Todo empezó hacia 2004, cuando andaba
a cuestas, ganando premios (Primer
Festival de Cine Latino de Santa Cruz,
California / Gran premio del Jurado; I
Festival Europeo de Cine y Vino de
Castilla La Mancha / Mejor documental;
VIII Festival de Cine Hispano Americano
de Toronto / Mejor documental), con un
trabajo sensacional titulado Manolo
recicla. El señor de los carros, donde
nos acercaba a la personalidad y actividades
de un indigente que recorría las
calles de Madrid recogiendo todo aquello
que otros abandonaban como inútil.
La película, realizada y presentada en
digital, cuando casi todas las salas sólo
estaban equipadas para celuloide, llegó
al festival de Locarno —-sería 2004 o
2005—- y mis colegas Jairo Cruz y Jordi
Jové le ayudaron con la promoción.
Aunque muy nervioso y desbordado por
la acogida y el contexto, Manolo no
paraba de hacer planes. Unos meses
más tarde, preparó y escribió el guión
de un largometraje, Propios y extraños,
que fue finalista de los reconocidos
premios Julio Alejandro, el prestigioso
concurso de la SGAE, y comenzó
su andadura de poner en pie la realización.
Llegó en forma de coproducción
hispano-argentino-alemana, con la participación
de otro gran amigo, el veterano
Luis Ángel Bellaba: un film coral,
donde entre los muchos personajes
había un “señor de los carros” interpretado
por Mariano Peña, que contaba
con un reparto importante, igualmente
repleto de amigos: Jordi Vilches, Elena
Ballesteros, Manuel Tallafé, Alberto
Jiménez, Mapi Galán, Enrique Alcides,
Isabel Prinz, etc. El film participó en la
competición oficial del festival de Málaga,
con una mediocre acogida, propiciada
en parte por la descontrolada y creativa
espontaneidad de Manolo. Se
estrenó poco tiempo después y las críticas
negativas arreciaron. En nuestra
publicación, Eva Peydró la resumió con
frases como ésta: “el resultado es una
vacua proliferación imparable, de
dimensiones micológicas, y nulo interés,
para el que la calificación del cero
patatero es insuficiente.”
A finales de 2011 se marcha a Madagascar
con objeto de rodar un documental
sobre Basilio Vallejo, un misionero
fallecido en la isla tras más de
veinte años entregando su vida a los
más pobres, y establece paralelamente
un proyecto de centro de acogida para
niños en situación extremadamente difícil.
De ello se ocupa e informa misionmalgache.
org, una página donde se
encuentran referencias audiovisuales,
testimonios y posibilidades de colaboración
económica. La enfermedad se lo
ha llevado en pleno comienzo, con un
montón de proyectos que valdrá la pena
Manolo González, director de cine
Lloréns
De aquí a la eternidad 57
reciclar. Por las crónicas, he descubierto
que estudió con los agustinos, como
Pedro Uris, Pepe Romero, Ana Olmos y
yo mismo, y que su pueblo natal queda
a unos setenta kilómetros de Vegas del
Condado, el rincón leonés donde otro
gran amigo, Augusto ¡González!
Robles, nos alberga a mí y a su perra

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